
La historia secreta del VW Pointer de Guillermo Maldonado que fue homenajeado por el TC2000
El auto con el que Yoyo se despidió de la categoría volvió a escena en Nueve de Julio. Su historia, su guardián y el homenaje.
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El automovilismo argentino tiene autos que marcaron épocas y dejaron huellas tan profundas como los nombres que los condujeron. Uno de ellos es el Volkswagen Pointer que Guillermo “Yoyo” Maldonado utilizó en su última temporada en el TC2000, allá por 1996. Aquel auto no solo fue testigo de una despedida memorable, sino que también atravesó un camino singular que lo convirtió, casi tres décadas después, en un emblema del patrimonio fierrero nacional.
EL ÚLTIMO TRIUNFO DE MALDONADO… Y EL ÚNICO DEL POINTER
El VW Pointer fue incorporado al equipo oficial Volkswagen en la temporada de 1996. Si bien el auto no fue protagonista desde el inicio, todo cambió cuando el equipo incorporó a Alberto “Tito” Pérez en reemplazo de Edgardo Fernández. El constructor puso todo su ingenio para crear un Pointer ganador, algo que se comprobó en la segunda mitad del torneo.

Con el Pointer gris con la publicidad de Elaion, “Yoyo” protagonizó una de las escenas más emotivas de su carrera deportiva: ganó en el autódromo de Nueve de Julio, su ciudad natal, frente a una multitud que aún no sabía que lo vería competir allí por última vez. Aquel domingo 15 de septiembre, Maldonado cruzó primero la bandera a cuadros seguido por su compañero de equipo Walter Hernández, firmando un 1-2 inolvidable para la marca.
DEL CARBURANDO CAFÉ AL SILENCIO DEL TALLER
Al finalizar la temporada, ni Maldonado ni el Pointer volvieron a competir. El piloto decidió colgar el casco tras una exitosa campaña que incluyó títulos en la Fórmula 2 Nacional (1980 y 1982), Fórmula 2 Codasur (1983, 1984, 1985 y 1986) y el propio TC2000 (1994); mientras que el auto fue a parar al Carburando Café, un bar temático dedicado al automovilismo que funcionó en Buenos Aires. Durante años, el auto se mantuvo a la vista del público, con sus calcos originales y sin alteraciones.

Cuando el café cerró sus puertas, el vehículo fue devuelto a su dueño original: Guillermo Maldonado. Lo guardó en su taller de Nueve de Julio, lejos del ruido de las pistas pero intacto en su espíritu de competición. Allí permaneció durante más de una década, hasta que alguien golpeó la puerta con un pedido inesperado.
OSCAR ENRICO, UN CUSTODIO DE LA MEMORIA
Ese alguien fue Oscar Enrico, vecino de Nueve de Julio y ferviente admirador del Yoyo. Consciente del valor simbólico de ese Pointer, le pidió a Maldonado que se lo cediera para conservarlo. Maldonado, fiel a su estilo, no dudó: se lo regaló. Desde entonces, Enrico se convirtió en el custodio silencioso de un auto cargado de historia.

El auto está en su estado original, sin restauraciones invasivas. De hecho tiene los mismos neumáticos Goodyear con los que terminó su corta trayectoria de ocho carreras en el Turismo Competición. La única modificación fue el reemplazo del motor y la caja de cambios por componentes estandarizados pero preparados, lo que facilita su mantenimiento sin alterar su imagen ni su esencia.
El destino volvió a unir al Pointer con el lugar donde vivió su jornada más gloriosa. Durante la fecha del TC2000 en Nueve de Julio, el auto fue exhibido en los boxes, generando una ola de emociones entre fanáticos veteranos y nuevos entusiastas.

Entre los que se acercaron estuvo el propio Tito Pérez, que lo vio y se emocionó. Caminó hasta el auto como quien se encuentra con un viejo amigo. Tocó la carrocería, revisó detalles, recordó cada soldadura. “Está igualito”, dijo, con esa mezcla de orgullo y melancolía que solo entiende quien alguna vez construyó un auto de carreras desde cero.
RECONOCIMIENTO A LA HISTORIA
El broche llegó con un gesto institucional. En el marco del programa Guardianes de la Historia, el TC2000 distinguió a Oscar Enrico por su labor en la preservación de un auto fundamental para la historia de la categoría. La distinción fue entregada por el presidente de la categoría, Alejandro Levy, y Enrico la recibió visiblemente emocionado: “Esto es demasiado para mí”, alcanzó a decir, resumiendo con sencillez el peso simbólico del momento.
El reconocimiento a Enrico no es un acto aislado, sino parte de una política clara del TC2000: honrar su pasado mientras construye un nuevo presente, como ya lo hizo con los hermanos Medina en Buenos Aires. Porque la historia no es una carga, sino un combustible que también empuja hacia adelante.